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Acción de la sal
en la tecnología de la panificación
La
cantidad de sal añadida a la masa se ha incrementado en estos
últimos años como consecuencia del escaso sabor de los
productos obtenidos con amasadoras rápidas y de alta
velocidad: su dosificación varía del 1,2% del peso de la
harina en el caso de masas fermentadas azucaradas, como en
algunas clases de bizcochos, al 1,8% en el pan elaborado por
el método clásico de amasado, al 2-2,2% en el pan y en el
pan de molde, obtenidos por amasado directo.
La sal actúa
principalmente sobre la formación del gluten, ya que la
gliadina, uno de sus dos componenetes, tiene menor solubilidad
en el agua con sal, lo que da lugar en una masa obtenida con
agua salada a la formación de una mayor cantidad de gluten.
Por otra parte, el gluten
formado tiene fibras cortas, como consecuencia de las fuerzas
de atracción electrostáticas que ocurren en la malla formada
con la sal, se presenta rígido, confiriendo a la masa mayor
compacticidad con respecto al gluten obtenido sin sal.
Investigaciones realizadas
con harinas de diversas calidades demuestran que el óptimo de
sal utilizada varía según el tipo de harina.
Las pruebas, basadas en
dosis de sal de 0 a 2,2%, han demostrado, mediante análisis
con el alveógrafo de Chopin, que al pasar de 0 a 1,26% de
sal, el aumento de fuerza de una harina débil se incrementa
de forma notable; para harinas mejores, la fuerza aumenta del
14% al 23% con dosis de sal de 1,8% y 2% respectivamente; con
el 2,2% de sal las variaciones de la fuerza de la harina de
media fuerza desciende al 22% mientras que la harina débil,
con el 2,5% de sal, aumenta al 38%.
En cambio el crecimiento de
las masas procedentes de harinas diversas con y sin sal,
muestran que el valor óptimo se obtiene, independientemente
del tipo de harina, con la dosis del 2% de sal.
También la presión tiende
a aumentar, especialmente para las harinas más débiles.
En definitiva cuando se
adiciona sal, dosificada según el tipo de harina, aumenta la
compacticidad de las masas haciéndoles más fáciles de
trabajar.
Como consecuencia de esto,
también es posible una mejor hidratación de las masas, sin
que se vuelvan pegajosas.
En el caso de gluten
demasiado tenaz o corta es preferible añadir la sal al final
de la operación de amasado, cualquiera que sea el sistema que
se adopte, tanto si se trata de masa fermentada con azúcar
como si se trata de una masa normal.
Con el amasado directo y
con la actual utilización común de las amasadoras de alta
velocidad, la sal se añade al final de las propiedades
antioxidantes, retrasa la oxidación de la masa reduciendo su
blancura.
Además la sal por su
propiedad antiséptica actúa también durante la fermentación,
retardando especialemnte las fermentaciones secundarias de los
microorganismos productores de ácidos tales como el ácido acético,
el butírico y el láctico y disminuye el desarrollo del anhídrido
carbónico, con una relativa disminución de la porosidad del
producto final.
La sal favorece además la
coloración de la superficie del pan, dando a la corteza una
coloración más viva, haciéndola más crujiente y confiriéndole
un aroma más intenso, respecto del pan sin sal.
La sal influye también en
la duración y estado de conservación del producto, debido a
su capacidad para absorber agua (higroscopicidad):
efectivamente, mientras que en un pan conservado en ambiente
seco la sal reduce la cesión de humedad del producto al aire
retrasando el que la corteza se seque y endurezca, en el pan
conservado en un ambiente húmedo, la sal tiende a adquirir la
humedad del aire introduciéndola en el producto, ejerciendo
un efecto negativo sobre el tiempo de conservación.
En conclusión, la dosis y
el momento de añadir la sal son dos factores importantes que
varían según el tipo de harina y del sistema de elaboración.
En la panificación con amasado directo se aconseja una
proporción de sal de un 2%, adicionándola al comienzo del
amasado, mientras que en el amasado clásico debe reducirse su
cantidad a la proporción de 1,8%.
La opción de incorporar la
sal al comienzo del amasado para el caso de que se emplee el
sistema directo, depende de la necesidad de mantener el color
blanco marfil de la miga, que de otro modo, debido a la
oxidación de la masa, tendería a blanquearse excesivamente.
CONTROL
DE LA ACIDEZ EN EL PROCESO DE LA FERMENTACIÓN DEL PAN
Las propiedades organolépticas
del pan, como el aroma característico, estructura porosa,
corteza crujiente, depende fundamentalmente de las condiciones
en las que se produce la fase de fermentación.
Este proceso depende
fundamentalmente de la acción de las levaduras del género
Sacharomyces cerevisiae, que transforman los azúcares en anhídrido
carbónico y alcohol, pero también influye la acción de
otros microorganismos y puesto que globalmente todas las
reacciones son de tipo biológico, su desenvolvimento depende
de las condiciones en las que se desarrollan, esto es, de la
temperatura, humedad relativa del ambiente y humedad y acidez
de la masa. Pero mientras que hasta ahora se había concedido,
justamente, importancia al control de los parámetros humedad
y temperatura, en cambio, se había prestado escaso interés
al grado de acidez.
Sin embargo, es debido
frecuentemente, a una acidez inadecuada de la masa, por lo que
se provocan defectos cuyas causas son inexplicables para el
panadero.
En efecto, el desarrollo de
los Saccharomyces cerevisiae, y por tanto la fermentación
alcohólica en la masa panaria encuentra sus condiciones óptimas
a un pH de aproximadamente 5. A un pH mayor (alrededor de 6)
en el proceso de fermentación se produce una cantidad
excesiba de glicerina y ácido acético, además de alcohol etílico
y anhídrido carbónico.
Junto a la fermentación
alcohólica, tiene lugar de una manera más o menos intensa,
otras fermentaciones por parte de determinados
microorganismos, formándose ácido láctico, acético y butírico.
Si bien la producción de
una débil cantidad de ácido láctico puede favorecer el
desarrollo de los sacaromicetos, creando un ambiente con la
acidez adecuada y retrasando la reproducción de otras
bacterias, debe evitarse el desarrollo de ácido acético y de
ácido butírico.
Pero ya que resulta
imposible eliminar la formación de ácido acético, es
fundamental, al menos, que las cantidades de los ácidos estén
en la proporción óptima de 3:1, puesto que la acción de
ambos ácidos sobre el gluten es opuesta: mientras que el ácido
láctico lo hace más elástico, el acético actúa sobre la
red glutínica haciéndola más corta y rígida.
Por otra parte, una
cantidad idónea de ácido es fundamental, ya que las
levaduras requieren un ambiente ácido que sólo puede
proporcionarlo una masa que posea un pH comprendido entre 5,8
y 6,2.
Durante el porceso de
fermentación es cuando tiene lugar el cambio del pH de la
masa, sobre todo debido a la formación de ácido láctico: de
un valor inicial de 6,2 la masa, a medida que aumenta el
tiempo de fermentación va tomando valores de pH más bajos y
transcurridas 3 horas alcanza el valor de 5,76 y después de 4
horas y media un pH de 5,67.
El ambiente ácido favorece
la formación del gluten, haciéndolo también más extensible
y además da al producto final un grado de acidez que retrasa
el desarrollo de mohos.
DEFECTOS
DEL PAN
Ahilamento
Otras transformaciones que
ocurren en el pan pueden ser debidas a bacterias, como B.
mesenthericus, que produce la enfermedad del pan llamada
"encordamiento" o pan filante.
Tal defecto se observa
particularmente en verano (temperatura de 25-30 ºC)
generalmente en panes elaborados con harinas de tipo 0 ó 1
obtenidas en molinos que no disponen de lavagranos o
confeccionado en panaderías con ambiente escasamente higiénico.
La infección se produce en
los elaboradores después de dos días de la cocción y con
masas de pH entre 6,8 y 7,2. El ahilamiento consiste en un
aflojado de la miga que se vuelve húmeda, untuosa y cuando
adquiere coloraciones, éstas pueden ir del amarillo al gris
claro u oscuro, con olor desagradable.
El B. mesenthericus, causa
del fenómeno, tiene una longitud de 1,6 a 6 micras y un
grosor de 0,5 micras, y forma oval-alargada. La esporas del
bacilo son termorresistentes y para inactivarlas es necesario
tratarlas con vapor de agua a 100ºC durante 5-6 horas por lo
que se puede llegar a la conclusión que resisten en la miga,
durante la fase de cocción, para multiplicarse durante la
conservación en un espacio de tiempo de 12 a 14 horas.
Para reducir el riesgo de
esta enfermedad, además de mejorar la higiene del ambiente de
trabajo, se puede influir con el pH de la masa (pH menor 5,5),
se debe adoptar la fermentación indirecta y se debe cuidar
con la máxima atención la duración de la fermentación, ya
que una fermentación demasiado larga, o una temperatura
elevada favorece el fenómeno. A una temperatura de 31-33ºC
la levadura produce mayor cantidad de alcohol etílico con una
reducción de la cantidad de ácido acético y ácido láctico
que retardan la multiplicación del B. mesenthericus.
También se permiete por la
legislación, el empleo de sustancias químicas con el fin de
reducir esta enfermedad, tales como acidulantes que bajan el
pH de la masa (ácido láctico y ácido acético) y
bactericidas como el propionato de calcio.
Enranciamiento
Se han empleado los
antioxidantes, que tienen sobre todo la función de proteger
las grasas presentes en el producto, del proceso de
enranciamiento que sufren por la acción del aire y de la luz.
Se definen como
antioxidantes las sustancias que retardan el desarollo de
olores y sabores agrios durante la conservación de los
alimentos que contienen grasas.
Si bien los antioxidantes
tienen escasa importancia para la conservación de productos
horneados de elevada humedad, tales como panes y pasteles,
tienen una notable función en la conservación de galletas,
bizcochos y snack que deben mantener inalterables sus características
durante meses.
Además de sustancias ya
tratadas como el ácido ascórbico, la lecitina de soja y el
alfa tocoferol, la legislación italiana permite el empleo de
sustancias químicas de acción antioxidante tales coomo el
buitl-oxianisol (0,03% de la grasa) el duodecil galato, el
octil galato y el propil galato (0,01% de las grasas
emulsionantes).
Se puede también añadir
ácido cítrico o ácidos fosfóricos que, aunque no tienen
una acción atnioxidante directa, tienen un efecto indirecto
aumentando la capacidad conservante de los antioxidantes.
Las notas contenidas en
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referencia, no como guía medica o manual para aplicarse
autotratamientos. Si usted sospecha que tiene un problema de
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sustituto de algún tratamiento prescrito por su doctor.
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