Ingredientes:
1 cucharada de vinagre blanco,
1 pulgarada de pimienta recién
molida,
3 yemas de huevo,
250 gr. de mantequilla de primera
calidad.
Método: Echar en una sartén pequeña
el vinagre, un poco de agua y la pimienta. Reducir esta mezcla
"llamada gástrica", a una cucharada de líquido. Dejar
enfriar y, seguidamente, incorporar las yemas y calentar suavemente,
batir constantemente, procurando accionar el batidor de la manera que
corra toda la superficie del fondo de la brasera (lo mejor para hacer
este tipo de salsa es un recipiente de acero inoxidable ovalado) y que
no quede la menor partícula de huevo. Caso de que no se tenga
experiencia, aconsejo colocar la brasera al baño María de agua muy
caliente, pero que no llegue a ebullición. El inicio de la cocción que
debe ser dado a las yemas de huevo debe ser más lento y el éxito es más
seguro. En efecto, se trata de crear una ligazón, una base untuosa, y
en caso de haber un exceso de cocción o de calor demasiado prolongado
de las yemas, esta se solidificarán formando grumos y se perderán
todas las propiedades de ligazón y untuosidad. Por consiguiente, Esta
primera operación, la más difícil, consiste en emulsionar las yemas
sometiéndolas a un calor progresivo, de tal modo que la masa vaya espesándose
de modo homogéneo. Cuando la emulsión alcanza la consistencia de crema
fresca de leche reposada habrá llegado el momento de incorporar la
mantequilla derretida gota a gota y batiendo constantemente, añadir una
pulgarada de sal. Si se comprueba que la salsa está demasiado espesa,
se echará de vez en cuando unas gotitas de agua tibia. Es preferible
seguir este procedimiento que verter brutalmente un líquido para
aclarar la salsa. Así es como una salsa holandesa alcanza todo su
consistencia, aun cuando sea ligera. Comprobar el sazonamiento y
conservar caliente al baño María a temperatura moderada. Cualquier
exceso de calor provoca la disociación de las yemas con la mantequilla.
Se dice entonces que la salsa se ha cortado. Si se produce este
accidente, se levanta nuevamente la salsa vertiendo en la brasera una
cucharada de agua caliente y seguidamente echando la salsa cortada, poco
a poco, para batirla y mezclarla con el agua.
Sirve, tanto para carnes como
pescados o mariscos.